Si tú estás buscando “cómo hacer facturación electrónica”, o como convertirte en emisor de facturas electrónicas en RD probablemente te pasa una de tres cosas:
Te llegó el miedo de que “ya se acerca la fecha límite”.
Tu contador te dijo que “eso hay que hacerlo ya”.
Viste un anuncio de la DGII: “Del fin de la prórroga o de los comprobantes B-01”.
Sea cual sea la razón, déjame decirte algo directo:
hacer facturación electrónica NO es solo “enviar una factura por email” porque el email sea un medio electrónico.
En realidad es otra cosa.
Para mi es una oportunidad de oro para modernizar tu empresa… igual también puede ser la oportunidad de meterte en un lío por no hacerlo bien.
Y como yo ya me certifiqué, he ayudado a clientes a certificarse y trabajo muy de cerca con Adm Cloud (donde ya van cientos de empresas certificadas), déjame enseñarte qué es lo que realmente tienes que hacer.
Empecemos por lo que no es:
No es una impresora fiscal.
No es enviar una factura en PDF por correo.
No es un “pongo mi contador a eso y ya”.
El proceso en la vida real se ve así:
Te voy a decir lo que está haciendo mucho gente que luego les saldrá más caro:
La mayoría de negocios quiere “poner facturación electrónica” encima de un software viejo, desorganizado o que nunca funcionó bien. Lo hacen a través de un API. Api significa “interfaz de programación de aplicaciones."
Y si tu software nunca funcionó bien o tiene información desactualizada, te aplica una máxima de finanzas que dice:
Garbage in, Garbage out. Basura entra, basura sale.
Si tú sigues usando lo mismo que tienes hoy, un software desactualizado, con pocos reportes, que no te da estados, y que parece Windows 98, y solo le pones un API para facturación electrónica, lo que estás haciendo es automatizar lo obsolteto.
Facturación electrónica es el mejor momento para:
Si no haces ese cambio ahora… ¿entonces cuándo? Porque ahora por lo menos es obligatorio.
Hay dueños y gerentes que son así:
No porque sea fácil, sino porque tienen la mente para eso.
Tres grupos:
Si tú eres brillante en tu negocio, pero software no es lo tuyo…
no te metas solo ahí.
Gente inteligente que quiere claridad, pero no va a sentarse a hacer pruebas técnicas.
Aquí no hay vergüenza.
Solo sentido común: busca ayuda.
Te lo digo como CEO, como asesor financiero y como alguien que lo ha hecho varias veces:
Haz demos, toma notas, pregunta si tienen autocertificación.
Evita guerras internas desde el día uno.
Antes de DGII, antes de XML, antes de secuencias.
Pide corte contable y estados interinos para cargar data limpia.
Solicitud, firma electrónica y portal.
Usuarios, impuestos, numeraciones, inventarios, centros de costo.
Asegura que todo está estandarizado antes del go-live completo.
Este es el orden que reduce estrés, retrabajo y dolores de cabeza.
No hay “cámbiame la fecha”, "ponla para el mes que viene", o “bórrala”.
Solo notas de crédito o débito.
Todas las facturas que te emiten llegan ahí.
Parece magia al inicio, pero cuando lo ves funcionando entiendes que…
tu contabilidad recibe facturas sin que tú te muevas. Tienes que tener un buen software para esto
Porque el cliente sabe que la DGII ya tiene esa factura.
No por ego… sino por orden.
Yo creo que vamos bien. De verdad. Pero nos falta algo grande:
educación.
Educación desde influencers, desde líderes de opinión, desde contadores jóvenes…
no solo desde la DGII. El país necesita entender que esto no tiene reversa.
Y que es el mejor momento para profesionalizar su operación.
El facturador gratuito está bien, me encanta que exista para resolver,
pero hay que ser claro: no es un software contable.
No es un “softwarecito” para salir del paso.
Si arrancas con Adm, no tienes que cambiar en dos años.
Literalmente reduce el proceso a 2–4 pasos.
Si haces todo corrido.
Cuando su IA (Atina) empiece a trabajar dentro del buzón digital,
la contabilidad del día estará lista antes de que llegues a la oficina.
Eso es Easy Mode.
Si tú vas a saltar de Excel, o de un software viejo, o de un sistema que ya no te da lo que necesitas…
Hazlo bien.
Con tiempo.
Con calma.
Con intención.
Porque si no aprovechas este momento —donde es obligatorio y no opcional—
¿cuándo tú lo vas a hacer?
La obligatoriedad puede reemplazar la motivación.
Aprovéchala.